martes, 7 de septiembre de 2010

DIARIO DE ABORDO: SOCORROOOOOOOOO

Una busca un poco de sol, de playa, de tranquilidad y toma la decisión de irse, cual viajera empedernida, a otro horizonte más lejano con el fin de hallar las necesidades primarias de cualquier ser humano- oséase, paz, calma y lejanía (más si cabe).

Lanzarote nos pareció una buena opción (lo de las Fiji quedó descartado por aquello de que estamos en crisis y no hay que abusar de la buena suerte), así que sin dilación, compramos los billetes (a precio de abuso) y nos largamos cual ave voladora a la Isla con el fin de un “vacacioneo” digno de reyes.

El hotel prometía: Spa, billar, ping pong, petanca (yo sino hay petanca, no me muevo de casa), mini golf, tiro con arco, bufete libre, piscina de agua caliente y fría, pero por encima de todo, en primera línea de mar con unas vistas increíbles. Porque unas vacaciones sin vistas, son como el vacío, un agujero negro en el espacio o, como un huevo frito espachurrado donde la yema se ha volatizado en la sartén.

Pues eso: ¡A Lanzarote que falta gente!

Air Europa nos depositó con suavidad pero con mucha prisa en tierras canarias y media hora antes de lo previsto, besamos suelo (cosa que hago cada vez que vuelo, por aquello de que es mejor besarlo a comérselo).

El calor era asfixiante. Los “típicos” que nos recogieron, aseguraban que jamás habían sufrido una temperatura tan extrema. “Parejo” y Escarlatita, abanico en mano, salieron al exterior en busca de la “guagua” sin aire acondicionado. Aquello era una premonición de lo que acontecería a continuación aunque en ese momento, desconocíamos nuestro devenir.

-Cari, sóplame el escote que se me van a caer las pestañas con este calor. ¿A cuanto ha dicho la guía que nos freíamos?

-Cuarenta y ocho grados de nada, mi vida. ¿No querías sol y calor? Pues los has encontrado de lleno.

El hotel –de ensueño- apareció ante nuestra vista cual tierra prometida a Moisés.

-Buenas, señorita… Elsa (leí en su solapa el cartelito que me la presentaba). Tenemos una reserva de habitación doble, cama de matrimonio y vistas al mar.

La muchacha en cuestión, tenía el ceño fruncido y una cara de mala leche que tiraba para atrás.

-No es posible la cama de matrimonio. El hotel está lleno. De todos modos, veré que puedo hacer sobre lo de las vistas.

Mi “parejo” y una servidora recorrieron medio hotel con las maletas en busca de la habitación asignada, abrimos la puerta y nos sonreímos ante su visión.

Todo era perfecto, una habitación de veinticinco metros cuadrados para nosotros solos; baño completo, dos camas juntas, sillón cama tras bajar un par de escaleras, tv, mini bar y las cortinas que deberían llevarnos a contemplar la inmensidad del Atlántico… O no.

-Escarlatita… Ejem…estas vistas son de lo más extrañas. ¿Has visto qué dan al extractor de la cocina y no te permiten ver el mar o la piscina? Lo más curioso es la peste a aceite quemado que desprende el aparto este. ¿Estás segura qué esto es un hotel de cuatro estrellas?

Servidora se abalanzo a la terraza cual león enjaulado y alucinó con la contemplación de tan desastroso espectáculo.

-Ahora vuelvo, cari.

Desanduve lo andado y me personé en recepción en busca de la tal “Elsa” que se había propuesto darme las vacaciones.

-Haga el favor de atenderme- el mostrador estaba lleno de extranjeros y nacionales que no osaron protestar cuando me vieron avanzar sin intención de detenerme hasta obtener mi objetivo.

La muchacha me miró con aprensión.

-Oiga usted, jovencita, le he pedido una habitación con vistas al océano o a la piscina, y me ha asignado una delante del extractor de la cocina del hotel. No sé si sabe que son las únicas vacaciones de las que dispongo durante todo el año y me están costando un dineral. Haga el favor de revisar las reservas y de cambiarme de habitación antes de que les ponga una reclamación a ustedes, a la mayorista y a la agencia de viajes que me ha vendido este timo.

El “parejo” llegó providencialmente para calmarme antes de que trepara por encima del mostrador y ahogara con mis propias manos a la muchacha que seguía mirándome con ojos de aprensión.

-El hotel está lleno hasta el viernes... Si quieren les cambio a una habitación frente a la parada de guaguas, o, si lo prefieren, pueden esperar hasta el fin de semana para que les asigne otra habitación frente al mar.

-No te sulfures, Escarlatita. Dos días no son nada y, la habitación es espaciosa a pesar de los pesares.

-El viernes, Elsa… Y espero que se esmere o le costará mucho olvidarme.


(CONTINUARÁ...O NO)