
Me siento un ser humano y empiezo a preocuparme porque siempre he preferido pensar que era una “etecita” diferente, rara y ajena al resto de hombrecillos y mujercillas que pululan sin dirección en este planeta tan bello que nos cargamos un poco más a diario.
Empieza a preocuparme que mis escamas y el color verde que recubre mi piel a modo de moco marciano se decolore cual vulgar sapo convertido en humanoide de ciudad infumable sin esperanza ninguna de volatilizarme en el espacio en busca de los rayos Gamma o de ver los tan famosos “Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser” que describía Rutger Hauer, en Blade Runner.
Empieza a preocuparme mirar a mi alrededor y sentir que nada está bien, que he entrado en una máquina del tiempo sin pedirlo y me han transportado al futuro cercano y lejano para poder verlo desde una perspectiva diferente e inusual concluyendo que no merece la pena el esfuerzo de respirar en los días en que uno preferiría estar en otra galaxia en compañía de si mismo y del silencio espacial dentro de un agujero negro.
Empieza a preocuparme no poder digerir pausadamente las actitudes, circunstancias y actos de los hombrecillos y mujercillas que pululan sin dirección en esta vida, llegando a la conclusión de que he envejecido de repente y no estoy para muchas gaitas –especialmente, las ajenas.
Tal vez sólo sea una mala semana o un mal día y en breve recupere el color verduzco de mi piel escamosa a modo de moco marciano y mis orejas a lo Spock asuman su aspecto puntiagudo digno de una Vulcana. Tal vez sea sólo eso… O tal vez no.
Pero, por si acaso, empieza a preocuparme sentirme humana y formar parte de esta gran estafa que nos corresponde por haber elegido un aquí y un ahora que nada tiene que ver con lo pactado. Y lo que más me preocupa es que E.T. no responda al teléfono para venir a recogerme de una puñetera vez y llevarme a “mi casa”, que atardece ya en este horizonte imposible de observar sin concebir un más allá mucho más plácido y calmo entre nebulosas, estrellas y galaxias muy, muy, muy lejanas.

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