martes, 29 de junio de 2010
sábado, 19 de junio de 2010
LA VIDA PRIVADA DE LOS PANTANOS IV

¡Qué nervios!
Se acerca San Juán y todo parece poblarse de olor a pólvora; el cielo adquiere un color multicolor típico del verano en mi lugar tan, tan, tan lejano que ni siquiera sale en los mapas.
Mis hijos revolotean tras las casetas de petardos, como lo que son: chiquillos a punto de destapar la caja de los “truenos”, mientras mi perrita koky, aterrada por los estruendosos “parrapúms” y tracas variadas, se esconde debajo de la cama de unos y otros.
Este año he logrado convencer a mis hijos mayores para que me acompañen en mi aquelarre particular: Antorchas en mano, de las que pueden clavarse en la arena de la playa; la sandía de rigor a modo de cabeza digna del sacrificio; luna-no sé si llena- velas de cera de abeja; un buen cava para los mayores –coca-cola para los pequeños- , sendas toallas para después del baño nocturno (eso sí, en pelota picada, salvo que la autoridad me desautorice y nos detenga por exhibicionistas) y, como no, dulces de todos los colores, con frutas, piñones y cremas diversas (ya llevo cuatro días en la cocina creando mis exquisiteces pasteleras, aunque mi “parejo” se revele cual pinche mortificado)
-Escarlatita, amor…Esto que cocinas sabe delicioso, pero dime ¿es necesario ensuciar todos los cacharros que tienes en la cocina?
Yo canturreo entre delantales, hornos y espátulas guiñándole un ojo a modo de complicidad.-Yo ensucio y tú limpias, amor. Eso o, realizas un cursillo rápido de cocina avanzada para pinches maravillosos y eficientes.
Arruga la nariz y desaparece a sus cosas. Yo sigo con las mías mientras oigo a los gemelos en el jardín persiguiendo a sus hermanos menores con los petardos en las manos.
-Atención-grita uno de ellos- vamos a reventar un hormiguero. Trae los truenos y juntémoslos todos. ¡Arma de destrucción masiva preparada!
Un corto silencio, un suspiro de expectación ante la inminencia del impacto…Me salta el corazón del susto, se descompasa del bombazo proveniente del jardín, los huevos espachurrados en el fregadero- ¡Una DOCENA de cáscaras, yemas y claras, a la basura!
-Alex y Gabriel, daros por castigados el resto de vuestras vidas, si es que seguís vivos después de este ataque terrorista a las pobres hormigas indefensas.
-No pasa nada, cariño. Estoy con los críos, ha sido una explosión controlada- El parejo sale de detrás de unos matorrales con los dos benjamines de la familia, mientras que los gemelos saltan de alegría palmoteándose y aplaudiendo por su rotundo éxito.
-¿No os da vergüenza destrozar así el césped? ¿Pero habéis visto el pedazo de cráter que se ha formado junto a los geranios? ¿Y qué me decís de los doce pollitos en potencia que se han suicidado en el fregadero por culpa del estruendo? El día menos pensado me da un “yuyu” y me quedo tiesa en la cocina sin que nadie se entere. Venga, todos a la ducha y quedan requisados los petardos hasta que no reparéis los daños… Y para colmo, habéis despertado a vuestra hermana Escarlatita con todo este barullo. ¡Con lo que me ha costado dormirla!
¡Qué nervios!. Sí, se acerca San Juán y yo no sé si sobreviviré a este solsticio sin enloquecer del todo.
En fin, la vida dirá.
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LA VIDA PRIVADA DE LOS PANTANOS III

Me siento un ser humano y empiezo a preocuparme porque siempre he preferido pensar que era una “etecita” diferente, rara y ajena al resto de hombrecillos y mujercillas que pululan sin dirección en este planeta tan bello que nos cargamos un poco más a diario.
Empieza a preocuparme que mis escamas y el color verde que recubre mi piel a modo de moco marciano se decolore cual vulgar sapo convertido en humanoide de ciudad infumable sin esperanza ninguna de volatilizarme en el espacio en busca de los rayos Gamma o de ver los tan famosos “Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser” que describía Rutger Hauer, en Blade Runner.
Empieza a preocuparme mirar a mi alrededor y sentir que nada está bien, que he entrado en una máquina del tiempo sin pedirlo y me han transportado al futuro cercano y lejano para poder verlo desde una perspectiva diferente e inusual concluyendo que no merece la pena el esfuerzo de respirar en los días en que uno preferiría estar en otra galaxia en compañía de si mismo y del silencio espacial dentro de un agujero negro.
Empieza a preocuparme no poder digerir pausadamente las actitudes, circunstancias y actos de los hombrecillos y mujercillas que pululan sin dirección en esta vida, llegando a la conclusión de que he envejecido de repente y no estoy para muchas gaitas –especialmente, las ajenas.
Tal vez sólo sea una mala semana o un mal día y en breve recupere el color verduzco de mi piel escamosa a modo de moco marciano y mis orejas a lo Spock asuman su aspecto puntiagudo digno de una Vulcana. Tal vez sea sólo eso… O tal vez no.
Pero, por si acaso, empieza a preocuparme sentirme humana y formar parte de esta gran estafa que nos corresponde por haber elegido un aquí y un ahora que nada tiene que ver con lo pactado. Y lo que más me preocupa es que E.T. no responda al teléfono para venir a recogerme de una puñetera vez y llevarme a “mi casa”, que atardece ya en este horizonte imposible de observar sin concebir un más allá mucho más plácido y calmo entre nebulosas, estrellas y galaxias muy, muy, muy lejanas.
LA VIDA PRIVADA DE LOS PANTANOS II

Margarita tenía dieciocho años cuando dio la campanada, dieciocho años justos, exactos recién cumplidos…
Después de tanto tiempo aún no he logrado comprender a mi prima hermana, siempre he pensado que perdió el norte y el sur bastante antes de tomar y ejecutar su decisión, pero es algo que nunca le he preguntado y a estas alturas de nuestras vidas, no pienso hacerlo.
En casa, todos dormíamos, pero el sonido insistente del teléfono nos despertó. Mami fue la primera en levantarse mientras yo amanecía en mi nebulosa de sueños con el “ring” perforándome las entendederas.
-¿Diga?...Ajá… ¿Dónde dices que estás?...Sí, cariño, no te preocupes, ahora mismo vamos para allá- La voz de mami se hizo inaudible mientras hablaba con mi padre, para, a los pocos minutos, entrar en mi habitación mostrándome una situación un tanto surrealista.
- Tu prima se ha escapado de casa. Está en el convento de las monjas-tus y sus monjas- y pretende abrazar el hábito. Tus tíos, especialmente tu tío, se ha vuelto majareta del todo y está aporreando la puerta del convento mientras grita “antes puta que monja”. .. Escarlata, nos vamos a mediar entre ellos. Margarita nos ha llamado para que le echemos una mano. Cuida de tus hermanos y si ves que tardamos en volver, llama a la abuela para que venga a cuidaros.
No recuerdo si parpadeé en ese instante, pero sí recuerdo que tardé mucho tiempo en volver a hacerlo con normalidad tras el impacto de esa noticia. ¡Mi prima, monja! Una noticia del todo inesperada porque me constaba que a Margarita le gustaban los chicos, reírse abiertamente con su fino y cáustico humor fruto de la herencia genética que nos unía por encima de todo lo demás y disfrutaba, lo mismo que yo, con vivir la vida abiertamente y sin recelos.
Me imaginé a mi tío hecho una furia frente a la puerta de roble macizo que blindaba el convento de mis monjas y las de su hija regalándoles una retahíla de insultos dignos de alguien poseído por la ira en grado sumo. Por un segundo pensé en mi pobre tía, con el corazón encogido aguardando a que su hija saliera por la misma puerta que su marido pretendía derribar…
Pasaron muchos años sin que mi prima y su padre se hablaran, pasaron muchos años llenos de silencios y distancia, hasta que un buen día, sin saber por qué, volvieron a dirigirse la palabra.
Durante todo ese tiempo, las conversaciones de mi tío en nuestra casa, siempre concluían con un: “antes puta que monja”, Escarlatita. Y yo le sonreía convencida de que el término medio era mucho mejor que cualquiera de los extremos.
- Yo quiero ser astronauta y conocer a ET. Tío, no insistas.
Mi tía decidió morirse hace cuatro años, una mañana de Mayo y, al año y pocos meses más tarde, mi Tío la siguió allá a donde fuera.
Su entierro fue extraño. Mi prima lloraba por los rincones, presa de una congoja inexplicable para alguien que cree en el más allá y en un Dios benigno que acoge las almas de sus hijos en su seno, siendo la propia muerte, una liberación.
Mami y yo nos acercamos a ella, nos abrazó hecha un mar de lagrimones de aquellos que te dejan la cara hecha un asco y te corren el maquillaje sin quererlo. Cuando logré apartarme de Sor Margarita, rebusqué en mi bolso un paquete de clínex y se lo extendí para que se secara.
- No deberías llorar así. Según tu religión, tu padre está mucho mejor ahora que puede descansar junto a tu madre en compañía de tu dios.
- ¿Pero qué dices?- Me soltó escandalizada.
- Según mis creencias, estás perturbando el espíritu de tu padre con tu llanto. Deberías permitirle que se vaya en paz, sabiendo que todos los seres amados que deja atrás, comprenden que es su momento y que su vida ha concluido en el instante que él ha elegido.
No me respondió, pero salió apresurada al baño a lavarse la cara y no volvió a llorar en todo el sepelio evitando mirarme.
Mi primo menor me sonrió agradecido por contribuir a que su hermana se serenara. El mayor, estaba en estado de shock. Él había encontrado a su padre muerto, sentado frente al televisor al ir a visitarle por no contestar el teléfono.
Creo que mi prima no lloraba por mi tío, sino por el sentimiento de culpabilidad de no haberle atendido en los últimos años, meses e instantes de su vida. Pero… la vida y la muerte es algo escrito en el libro del destino de cada uno y, no siempre, estamos a la altura de las circunstancias. Debemos seguir nuestro camino, pero plenamente convencidos de que nuestros actos son los correctos y que la muerte, es una sombra que nos acecha todos los segundos de nuestra existencia.
LA VIDA PRIVADA DE LOS PANTANOS

¡Qué agobio, por dios!
Hoy me he cruzado con la “Hermana Ven-como” produciéndome la misma parálisis de terror que me producían sus clases de matemáticas.
De todas las monjas que me impartieron enseñanza en diversas materias, Sor Ven-como tenía el poder de aterrarme, ya fuera en un pasillo, en el recreo, en el comedor, en la sala de estudios, en el polideportivo e, incluso, en la capilla. Allí donde la intuía con su campanilla en la mano gritando: “Srta. O’Pérez, espere un momento”, el espanto se apoderaba de mí y me petrificaba cual estatua de sal.
-Abróchese el babi correctamente, lleva desabrochado el cuello y más que una señorita parece una arrabalera.
La recuerdo frente de mí, tan menuda, bigotuda, aparentemente frágil… tan borde. Y esa indefensión de no poderle arrear un sopapo o mandarla al tren de las cinco sin billete de retorno.
Cómo detestaba el tan temido: “Srta. O’Pérez, a la pizarra”; o el no menos humillante : “¿Dónde está su lógica, cabeza hueca?”. Su repertorio era extensísimo, sus clases un susto tras otro, borrador en la mano izquierda y rotulador en la derecha, paseando de arriba abajo del aula, como surcando la tierra con sus menudos pies.
- Me alejo un poco más de usted, Srta. O’Pérez, porque como me suba a la tarima, le doy un bofetón por burra. Si ustedes son el futuro de la humanidad, qué Dios nos coja confesados. Venga, resuelva el problema de una vez, ¿o pretende tenernos aquí toda la mañana?.
Y una servidora se negaba a pensar, los números se bloqueaban y la solución, por simple que fuera, se convertía en un agujero negro, pero que muy negro y sin clasificación.
Ese año, como era de esperar, me suspendieron la asignatura de matemáticas y les cogí tal aprensión a los números, que creí que la bruja menuda y bigotuda, tenía razón en cuanto a mi lógica y en lo referente a mi inteligencia. Yo era una burra redomada sin futuro.
Pero ese convencimiento de mi inutilidad matemática, me liberó. Si mi lógica era inexistente, ¿para qué mortificarme más de lo justo y necesario?. Asumirlo me dio el valor para revelarme.
-Abuela, convence a mami para que me cambie de colegio. No soporto a esas monjas de negro que nos limitan la imaginación y el sentido común.
Mi abuela me miraba desde el otro lado de la mesa.
-Ya sabes que a tus padres les costó muchísimo encontrar plaza en tan insigne lugar. Debes aprovechar el tiempo, estudiar y sacarte el próximo curso. Es posible que entonces, podamos convencerles de que deseas cambiar de aires.
-Pero abuela, Papi ya me ha dicho que no piensa cambiarme de colegio hasta que empiece la carrera. Ni tú ni nadie sabe qué dicen de los chicos esos marimachos con hábito. ¡Qué son el diablo!. ¿Te lo puedes creer?. Menudos ejemplares de retrogradas hacinadas en un mismo lugar. ¿Les saco la cruz a mis hermanos cual niños poseídos de “El exorcista”?.
-Un año más, Escarlatita, haz un esfuerzo.
Y lo hice, hice el mayor esfuerzo de mi vida por lograr lo que deseaba con toda mi alma, que me alejaran de allí y me llevaran a un colegio donde Dios quedara relegado a un segundo lugar, y las monjas, se convirtieran en un lejano recuerdo, pero que muy, muy, muy lejano.
-Escarlatita, ¿Qué has hecho?.
La abuela me miraba incrédula desde el otro lado de la mesa.
-Lo que he creído necesario, abuela.
-¡Pero si te han suspendido hasta en gimnasia!.
-Era complicado que me aprobasen incluso la gimnasia. He hecho novillos el último trimestre y creo que soy una candidata idónea para la expulsión.
Logré que me expulsaran, aunque mis padres me castigaron todo el verano sin salir, cuestión que no me importó. ¿Qué eran tres meses contra cinco o seis años más en ese infierno?.
Continuará…o no, depende.
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