lunes, 12 de octubre de 2009

ATCHIIIIS


¡Me va a explotar el cabezón! Sísísí, aspiré lo que no debía, y el “bicho malo” se hizo con mis defensas dejándome para el arrastre. Sin saberlo, invité a que la tan temida “Gripe A”, se apoderara de una servidora sin apenas proponérmelo. (Aunque esa afirmación, no es del todo cierta)
Hice la llamada de rigor a mi médico particular:
-Jorge, me siento como si me hubiese atropellado un tren de mercancías y luego, hubiera realizado una pirueta marcha atrás sobre mi cuerpo.
-¿Tienes fiebre?. - El mercurio del termómetro ha estallado debajo de mi axila. Creo que sí.
- ¿Tomas la vitamina C que te receté?. ¿Bebes mucho líquido-zumos de frutas, espero?.
- Van a cortarme el suministro de agua por impago, Jorge. Desde que me dijiste que debía beber mucha agua, no he cerrado el grifo.
- Qué burra eres, Escarlata. Te dije agua y zumo de frutas. ¿Toses?.
-Como una descosida cada vez que me enciendo un cigarrillo, pero ya me conoces, me matará cualquier otra cosa antes que el tabaco. Con la de “bichos malos” que circulan por la atmósfera, es posible que antes me maten unos “víruses” de esos a los que bautizáis con nombres raros a que lo haga la nicotina y demás mierda que le echan a la picadura.
- ¿Cansancio, dolor de articulaciones?.
-Con ocho “churumbeles” ya me dirás tú si una siente cansancio y dolor en las articulaciones. Lo que es un milagro es que siga viva.
-¿Quieres centrarte en lo qué te pregunto?. No puedo realizar un diagnóstico digno con la información que me das. ¡Qué estoy en las Bahamas, leches!.
- Te pagamos demasiado dinero en cada visita, Jorge. Yo aún no conozco las Bahamas!.
-Deliras por la fiebre, cielo. Aún me debes la última consulta.
-¿Pero tú no sabes disfrutar de la vida sin recordarme lo que te debo?. Oye, que me siento fatal.
- Está bien, vete al hospital pero no permitas que te vacunen contra la Gripe A. Nadie conoce aún los efectos de la vacuna, así que hazte un favor y no ejerzas de conejillo de Indias.
-¿Me vacuno contra el “moquillo”?.
La comunicación con las Bahamas se cortó. Me sumergí en el tráfico de la ciudad entre estornudos, escalofríos y dolor general en todo el cuerpo hasta llegar al tan temido hospital. (Temido por aquello de que es uno de los lugares donde más “bichos malos” pueden encontrarse sin proponérselo y contagiarse de lo que uno ni quiere, ni necesita).
Tras pasarme seis horas en urgencias (eso lo contaré otro día, porque no tiene desperdicio), me visitó una médica búlgara que apenas conocía mi idioma concluyendo que mis única dolencia era una infección en las vías respiratorias. Me recetó el antibiótico de rigor y me mandó a casa a sudar la fiebre y a matar al “bicho malo”, cosa que sigo haciendo con mucha inquina desde hace tres semanas.
Es un “bicho” muyyyyyy malo, y se me resiste insistentemente. Espero que Jorge regrese pronto y me recete alguno de sus brebajes mágicos antes que me beba el zumo de todas las naranjas del País y aledaños. En fin, besos enmascarados para todos.

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