martes, 25 de noviembre de 2008

MOSQUITAS, CALENTAMIENTO GLOBAL Y CRISIS

Llevo días dándole vueltas al tema de las mosquitas, esos bichos malos que pululan por ahí en busca de una presa a quien picar, porque nadie debe engañarse en una cosa: las que pican son las “mosquitas”, no los “mosquitos”. Ellos crían la fama, pero la realidad es muy distinta.

Llevo días dándole vueltas al tema de las mosquitas especialmente porque por increíble que parezca, en este lugar tan, tan, tan lejano en el que habito, siguen volando libremente cual bicho en verano caluroso aunque ya no sea época a estas alturas del año. No sé yo si será culpa del calentamiento global que ha trastornado incluso a las chupópteras tigresas (léase mosquito tigre); tal vez la crisis económica también tenga que ver con ello y se aplican el cuento de “chupa todo lo que puedas hoy que mañana ya veremos qué quedará por lamer”. Sea como fuere, las bichas malas siguen revoloteando mientras yo, permanezco armada con mi “ZZPUFF” a la espera de poder rociarlas con el brebaje mortal.

Que te piquen en pleno verano, tiene su pase, pero ahora, casi a las puertas de la Navidad, es poco menos que un despropósito. Confieso mi animadversión por cualquier tipo de bicho menor de tres centímetros que vuele, corretee, se arrastre o salte por mi espacio vital. Será porque soy terriblemente alérgica a alguno de ellos y cualquier picotazo, por insignificante que parezca, me acerca al perfil del hombre elefante más de lo deseado. No sé si tantos productos anti bichos les han inmunizado logrando una mutación de “megamosquitos-bichosmalos- inmortales” o, algún científico loco se ha despachado a gusto con estos ejemplares para lograr matarnos a todos de un modo poco sospechoso y eficaz.

Ya lo decía mi abuela: “Si quieres ser feliz como tú dices, no analices, Escarlatita, no analices”.

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