Hace tanto que quería decirlo… ¿Se puede saber quién les ha enseñado a conducir?. ¿Les ha tocado el carnet en una feria?...Preguntas de esta índole son las que me formulo cuando me pongo al volante de mi Harley. Una va plácidamente adelantando por el carril que corresponde- para quienes no lo sepan, se adelanta por el carril de la izquierda- y es importante ponerle énfasis a este hecho por aquello de que más de cuatro o diez, no tienen ni idea de para qué sirven los carriles, qué tanto les da uno que otro y, lo mismo se ponen a ochenta en el central que en el de la izquierda, eso sí, dejando libre el de la derecha, específico para tal fin-IR A PASO DE TORTUGA COJA- provocando los colapsos en carretera, autovías y autopistas, sin mencionar los accidentes que suelen ocasionar aquellos que no conocen ni las más básicas normas de circulación, o porque no las han estudiado, o porque se les olvidaron. Y así vamos.
En este lugar tan, tan, tan lejano en el que habito, necesito “teletransportarme” frecuentemente para llegar a remotos lugares, más lejanos todavía que el mío, y cuál es mi desgracia al comprobar que la inmensa mayoría de conductores son, poco menos que incapaces al volante. Mi Harley “topa” con el cretino de turno –carril izquierdo por el que puede circularse a 120- a ochenta por hora sin intención de apartarse empezando el rifi rafe : luces, claxon …adelantamiento por la derecha si el sujeto, tras todos los avisos pertinentes, persiste en creerse que la carretera es suya y allí, lo que marquen los discos son simples elementos decorativos que embellecen – o no- el paisaje.
Si procede, acudo al levantamiento de dedo corazón al adelantarle, cosa que suele enfurecerles y deciden aventurarse a los 100, cosa poco aconsejable ya que a más de ochenta, son proclives al descontrol y al accidente y, luego achacan la culpa a las motos, que vamos como locos al volante, que creemos encontrarnos en el circuito de Jerez, etc, etc, etc. Pero lo cierto es, que pocos son los elegidos y muchos, los inútiles con un arma de matar entre las manos.
Nos encontramos en tiempo vacacional y los “domingueros” (personal no asiduo al volante que sólo ejercen de conductores fines de semana y fiestas de guardar) invaden las carreteras cargados hasta los dientes para desplazarse al veraneo montañés, marino o campestre, nerviosos por el calor, el perro, la suegra, los críos y la “parienta” (o pariente, que hoy conduce todo el mundo igual de mal sin distinción de sexos), disparándose la alarma de los conductores que como yo, usamos el vehículo para algo más que para sacar a pasear a la familia en fechas concretas. Y es entonces, especialmente, cuando circular adquiere unas dimensiones del todo desconocidas preguntándome en más de cinco y de once ocasiones, si llegaré sana y salva a mi destino, si volveré a ver a mis siete churumbeles y al “parejo”; si podré terminar el cursillo de macramé al que me apuntaron como regalo de Santa Escarlatita Bendita y Mártir, o bien la Harley y yo concluiremos nuestra andadura en cualquier cuneta por culpa de un desaprensivo ignorante, soberbio e inútil a quien le regalaron el carnet de conducir cuando el último modelo en coches, era el carro de caballos (burros en su defecto) y, desde entonces, no ha tenido la decencia de reciclarse ni re releerse el librito de circulación ni sus cambios.
