No me detengas,
deja que me hunda en tu naufragio,
no impidas que te surque
ni reclames para ti ningún trofeo.
Aspiro a detenerme en la quilla de tu nave,
a atravesar las profundidades de un mar bravo
hasta asirte de la mano e izarte
a la superficie de mis labios.
En la singladura de tus ojos
he depositado un pedazo de los míos
y navego a tu horizonte
con el brío del viento
que acaricia tus cabellos.
No, no detengas mis pasos.
Deja que me sumerja en tus aguas
para unirme a la sal que reposa en tu sangre,
permite que me adentre
en la profundidad de tus sienes
y me arrulle una vez más en tus abismos.
Seamos el festejo de los mares
que alzándose en tormenta
se unen en el grito estrepitoso del trueno.
Pervivamos otro milenio
anclados al refugio del océano,
seamos Tú y Yo,
una Isla perdida en el tiempo.

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